martes 7 de agosto de 2007

Inútil al mundo.


Una de las cuestiones inquietantes de mi existencia es la certeza de serle completamente inútil al mundo. Decime vos, si no tenés todo el derecho a pensar, ahorita mismo, mientras leés el blog, "¿pero qué carajos estuvo haciendo éste tipo que escribe tremenda sarta de pelotudeces en vez de ir a laburar, en lugar de ir por ahí ayudando a otros, con todos los quilombos que tiene éste planeta, éste país, ésta ciudad de mierda? Si por ahí, a la vuelta de la casa del forro éste, hay un pibe muerto de hambre, esperando que un peatón insensible le tire un par de monedas que convertirá en sandwich de jamón y queso, o golosina, o lo que fuera. Pero no, éste tipo, fijate vos (ahora el comentario se lo podrías estar haciendo a un eventual compañero de oficina), se pasó toda la mañana, porque seguramente el muy vago trabaja de tarde, si es que no vive de rentas, se pasó, te decía, Rolando (pongámosle Rolando a tu eventual compañero de oficina), la valiosísima mañana remoloneando en la cama, haciéndose una paja, para después, así relajadito como lo tenés, entrar en Blogger con el dudoso fin de darle rienda suelta a esa imaginación pervertida que tiene, haciendo como si sufriera por los demás, inventándose tipos que no existen, como ese tal Julio Argentino Uno, el de la tabla de ERRORES metafísicos, ontológicos o lo que mierda fuera. Y éstos son los jodidos inútiles, las sanguijuelas del sistema, los parásitos sociales que viven a cuesta del sacrificio ajeno, de laburantes como nosotros, Rolando, que hacemos que el mundo gire para que ellos lo disfruten, en tanto ellos, como te decía, viven de rentas, o de empresas que fundaron con la guita de los viejos porque estaban aburridos, o tienen un carguito en algún canal de televisión, porque no sé si sabés, viejo, que todos los de la televisión ganan fortunas y son drogadictos, o putos y no laburan nunca, ésto es seguro, Rolando. Y entonces éste tipo, éste del blog que te estoy mostrando, vení, leé por favor, decíme si no estoy en lo cierto, éste Roru o cómo mierda sea, en vez de hacer caridad social, ayudar pibes o fundar comedores comunitarios con todo el tiempo libre y guita que ha de tener, no, fijate, se queda sentado frente a su compu, tomándose un mate y escribiendo boludeces". Y más o menos es verdad: yo hace 40 años que he hecho casi todas las cosas por mí y nada más que para mí; he dedicado innumerables días de mi vida para aprender disciplinas que jamás he enseñado a nadie; he leído cientos de libros que nunca relaté a terceros; escuché canciones, ví amaneceres, fuí testigo de llantos y muertes ajenas, recibí el amor desinteresado de algún que otro ser humano y, no obstante, nunca fui capaz de hablar de ello a los demás, de compartirlo. Soy una especie de depósito cerrado, cercado y con indicadores de advertencias. Como una instalación militar repleta de carteles que advierten al visitante distraído: no acercarse o el centinela abrirá fuego. Yo hablo conmigo, pienso conmigo. Y voy muriéndome solo.