miércoles 29 de agosto de 2007

Roru (IV)



M. no se acuerda de haberlos visto; de hecho, lo niega. Pero tocaron el portero eléctrico a eso de las siete de la tarde el lunes de la semana pasada, preguntaron por mí con tenor seguro e inflexible, subieron al departamento y se aprestaron en el living comedor; eran dos señores, más bien ancianos, altos y delgados, ataviados con traje de época; y con voz estentórea, hablándome uno, gesticulándome el otro, se mi informó, sin darme tiempo a la más mínima objeción que, de ahora en adelante, ellos, bibliotecarios ambos, estarían en condiciones de relatar la historia del señor Julio Argentino Uno. Pues habían sido enterados -de este modo se expresaron- que un señor así y así (es decir, yo), investigador y documentalista, inició ciertos estudios de campo sobre la zona de Constitución en relación al personaje que me ocupa, Julio Argentino Uno. "Señor", me dijeron, "usted no sabe escribir; omite la belleza de la prosa. Es, a todas luces, un informador mediático, a lo sumo un guionista. Deja a una parte un conglomerado de pretéritos, de filigrana verbal, en fin, esa suma básica de herramientas literarias que, en el idioma castellano, abundan por cualquier costado gramatical y que sólo aquellos que hemos dedicado la vida al ordenamiento artístico de la palabra manejamos, precisamente, mejor que usted. Aquí está" me acercaron un papelito escrito en soberbia cursiva "la dirección, a saber, la casilla de correo a la que usted dirijirá, de ahora en más, el paquete, la síntesis, el boceto, esto es, el fruto de sus investigaciones hasta la fecha realizadas y, desde luego, las restantes que en un futuro realice, en virtud de las cuales nosotros, el señor Ateo Sperling y yo, Severo Santamarina, los dos oriundos del barrio de San Telmo y aberrantes conocedores del drama que le ocupa, recibiremos sólo con el objeto de plasmarlo a conciencia y con pluma candente, transformando así su rudimentario material de estudio en verdadero caviar literario; lo cual, por otra parte, beneficiará a los escasísimos lectores del blog". Quise interrumpir, mas el que se llamaba Sperling, que sólo acompañaba el discurso del otro a través de coordinados gestos, movimientos de cabeza y pantomimas muy precisas, me enseñó el puño izquierdo, instándome a callar, pues, parecía, aún no arrivaban al meollo de la cuestión. "Señor", continuó Santamarina, fulminándome con la mirada, "tome este papel. Desde hoy deberá enviarnos el material, fruto de sus estudios acerca del sujeto referido, aquí". Puso su dedo sobre el numerito de la casilla. "El material será recibido en cuartillas tipo A4 mecanografiadas, a doble espacio, con letra grande y legible, acéptica de enmiendas y borrones, en tipografía clara y regular, sin resaltamientos de ningún tipo, ni subrayados, ni frases en negrita; de lo contrario se le rechazará de inmediato para urgentísima corrección. Y, mientras tanto, nada se publicará. En cambio, si nuestros requerimientos de estilo son cumplidos, nosotros le enviaremos, naturalmente por carta y en sobre certificado, el texto definitivo a publicarse en la dirección web http://www. error737.blogspot.com, mas no en ninguna otra, el cual administrará, como hasta ahora lo fue haciendo, en homeopáticas dosis, bajo el título EL BOCETO y el respectivo número correlativo de entrega, sistema que usted implementó hasta hoy y que nosotros, al menos en este único punto, hemos decidido respetar. Por lo demás, nos referimos al resto de sus comentarios personales, por no decir dispersiones, desgrabaciones de entrevistados y otros escritos que ya existen o pudiesen llegar a existir en su momento, ésos, lo dejamos a la irrelevancia de su pluma y a la rusticidad de su entender, dado que no aportan ni enriquecen en nada la investigación en sí. Al contrario, creemos que la entorpecen; pero, siendo usted nuestro único vínculo activo, animado, volitivo en el mejor de los casos, en fin, vayamos al grano, el exclusivo contacto con la realidad banal, corriente, vulgar, proletariada y asquerosa por la que se rige el universo, entonces, pues, es que no objetamos nada más y no pedimos nada menos que se nos permita reconstruir, con nuestra pluma, dichas investigaciones suyas de, hasta ahora, anémico tenor policíaco. Sin otra particularidad que agregar y disculpándonos de antemanto por la agresión con la que fue tratado en virtud del asco que nos da el mundo que habita y, por carácter transitivo, o simétrico, usted mismo, nos retiramos, saludándolo y observando merced a su silencio la semilla de un acuerdo perfecto, tácito pero de caballeros que, de hoy en más, está condenado a cumplir, regar y cultivar". Y se fueron, dando un tremendo golpazo a la puerta de salida al palier. M. me preguntó por qué carajos cerraba la puerta como un loco. Al día siguiente, muy a mi pesar, llegó un sobre certificado a casa cuyo contenido es el texto del post anterior. Simplemente quería avisarlo. A partir de ahora, estos dos señores se ocuparán de la sección EL BOCETO. Por favor, a mi cúlpeseme por otra cosa.